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miércoles, 18 de abril de 2012

Raquetistas en el Beti-Jai

Artículo tomado de la rioja.com. Pinche aquí.

Raquetistas en el Beti Jai
Diviértase, juegue y gane, cobrando en el acto las apuestas y quinielas. Raquetistas y palistas en la pelota vasca. El espectáculo deportivo más español con la emoción del riesgo en las apuestas». Así anunciaba la prensa en los años cuarenta la presencia de raquetistas en los frontones, un puñado de deportistas singulares que recuerdan con nostalgia o que bien prefieren olvidar una época en la que eran el centro de todas las miradas. Los hombres acudían al frontón -en Logroño era el Beti Jai- para ver las evoluciones de unas mujeres que despertaban cierto morbo entre los espectadores exclusivamente masculinos (hay que recordar que nos encontramos en los años de la posguerra, donde la mujer debía estar en casa y con la pata quebrada).
Entre sus coetáneas provocaban cierta envidia ante el supuesto tren de vida de unas mujeres que ganaban bastante dinero para su época, fumaban, llevaban la falda más corta de lo habitual o eran vistas en los cafés junto a los personajes más influyentes en este caso de la sociedad riojana: médicos, abogados y miembros de otras ilustres profesiones. Allí estaban ellos, en la salida del frontón, para invitarlas a un café con leche, primer paso antes de pedir su mano.
La mayoría de ellas procedían del País Vasco, pero también hubo un buen puñado de riojanas, la mayoría ya fallecidas o que rondan los noventa años: Maite, Julita, Isabelita, Quinita... Como recuerda el propietario de la fotografía que ilustra esta página, «llenaban los frontones para ver tanta belleza». 'El Vero', que así se llama nuestro informante, recuerda las historias que le cuenta su tía, Julita Bengoa, una de las raquetistas (de rodillas, la segunda por la derecha, vestida de blanco) y que ahora cuenta con 92 años.
Precisamente, su traje solía ser con falda y camisa blanca de popelín, una tela fácil de planchar y que no se arrugaba con facilidad.
Sus compañeras eran su apoyo en una sociedad en la que no estaba bien mirado que las chicas hicieran deporte en público. Sólo hay que recurrir a las crónicas de la época para leer frases como ésta: «La agilidad del varón es una; la de la mujer, muy distinta. El juego masculino se caracteriza por la robustez y el brío; el femenino logra su mayor valor cuando se practica con soltura y habilidad que pudiéramos calificar de gentiles».
El origen de las raquetistas estaba en el País Vasco, sobre todo eran de Eibar o Ermua. A Logroño llegaron de la mano de Jesús Eizaguirre, quien fuera un gran futbolista. Las empresas de los frontones habitualmente organizaban dos festivales diarios, tarde y noche, obligando a las raquetistas a alargar las jornadas para cumplir sus obligaciones.
Como recordaba en estas mismas páginas, Isabel Echeverría 'Isabelita' «nos contrataban los empresarios de los frontones por un año. Teníamos un mes de vacaciones y tan sólo había dos días al mes que no jugábamos. Nos pagaban un fijo al mes y las «quinielas» (la que antes lograba seis tantos tenía un extra). Lo cierto es que había mucha rivalidad». Qué tiempos.

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